Aunque no hayas oído nunca el término “ladrones de tiempo”, si estás opositando, seguramente ya te imagines a qué puede referirse. A no ser que seas una persona increíblemente metódica, disciplinada y con una envidiable fuerza de voluntad, seguro que en tus largas jornadas de opozulo te han asaltado más de una vez (y más de veinte) pequeñas interrupciones que han roto totalmente tu concentración y tu ritmo de estudio. O distracciones aparentemente inocentes que al final han resultado ser sesiones maratonianas de mirar el móvil. Si es así, te damos la triste bienvenida a la Asociación de Afectados por los Ladrones de Tiempo.

El tiempo es tu mayor capital

El tiempo es tu recurso más importante a la hora de preparar oposiciones. Tu planificación, motivación y fuerza de voluntad son las ruedas que te desplazan; pero el tiempo es la gasolina que consumes, sin la cual el vehículo no puede andar. Estás realizando una inversión muy importante de este recurso, de modo que no dejes que unos pequeños carteristas te lo vayan hurtando poco a poco sin que te des cuenta. Porque, además de tu tiempo, los ladrones de tiempo se llevan también tu concentración y tu productividad; con lo que, al final del día, las horas empleadas son muchas y el rendimiento no se corresponde. ¡Y es que a menudo cuesta mucho volver a focalizarte en tu tarea!

Pero… por contestar un Whatsapp de vez en cuando no pasa nada, ¿no?

Hay muchos tipos de ladrones de tiempo pero, en general, se pueden clasificar como externos e internos.

1. Externos

Los externos son todas esas interrupciones y distracciones procedentes del correo electrónico, el timbre del teléfono, las redes sociales, alguien llamando a la puerta… en resumen, todas las “llamadas” del mundo exterior que no podemos controlar.

2. Internos

Los ladrones de tiempo internos, por su parte, son todos aquellos impulsos mentales que no hacen sino sabotear nuestro plan de estudios. Pueden ir desde lo más inocente, como el ansia de picoteo que nos lleva a asaltar la nevera cada 15 minutos, hasta cuestiones más peliagudas, como el miedo al fracaso, la ansiedad o la angustia; pasando por puros malos hábitos como la improvisación de la jornada.

 

Y sí, por contestar un Whatsapp en un momento de la sesión no planificado con anterioridad para ese fin sí pasa algo: le estás abriendo a tu cerebro una puerta al ocio y la dispersión que él va a cruzar enseguida y va a intentar quedarse al otro lado todo el tiempo posible. ¿No estás tú cansado? Pues él también.

¿Y qué hacemos? De hecho, estoy leyendo esto en lugar de estudiar

Existe un ejercicio que, paradójicamente, nos empieza robando un poco más de tiempo pero que, a la larga, sale muy rentable. Consiste en, durante una semana, ir anotando todas las pequeñas interrupciones y distracciones, tanto propias como externas, que se vayan generando a lo largo de esos siete días y cuánto tiempo, cronometrado, les dedicas. Es una especie de “estudio de mercado” de ti mismo y de tu gestión del tiempo: para ponerle solución a un problema primero hay que delimitarlo, y no a todos nos distraen las mismas cosas.

Una vez que hayas elaborado este “diario de las vergüenzas”, estúdialo. Identifica claramente qué supone una distracción en tu estudio y cómo evitarlo. Con los ladrones de tiempo externos suele ser una cuestión de simple cambio de hábitos; respecto a los internos, en cambio, la cosa puede requerir un poco más de trabajo. Incluso ladrones de tiempo aparentemente externos pueden esconder carencias más personales.

Ladrones de tiempo pero también de autoestima

Por ejemplo, eliminar la distracción de las redes sociales e internet debería resultar relativamente fácil. Puedes desconectar del ordenador tu dispositivo de conexión a internet o directamente apagarlo. Puedes bloquear el móvil, ponerlo en modo avión o enterrarlo en una maceta hasta que acabes. Cualquiera de estos métodos debería bastar para resistir la tentación de ponerte a enredar con los stories. Pero si esto no redunda en una mayor concentración en tu temario y, por el contrario, lo que te crea es más ansiedad, quizás deberías analizar por qué.

¿Tal vez las redes sociales simbolizan el contacto social que previsiblemente has reducido o incluso eliminado desde que te pusiste a preparar las oposiciones? ¿Puede ser que te sientas demasiado desconectado y aislado de tu entorno? Las redes sociales, la mensajería instantánea e internet son sólo placebos de compañía. ¿Por qué no reestructuras tu plan de estudio para incluir más ratos para relacionarte en persona? Seguro que, quitando el tiempo “perdido” en redes, puedes permitirte socializar con tus seres queridos de forma mucho más gratificante.

Focalízate en lo importante

 

Es un mantra muy repetido pero que funciona: tu objetivo es una recompensa muy valiosa para el resto de tu vida, así que céntrate en él. Planifica cada día qué vas a hacer durante la jornada, fijándote objetivos realistas. Delimita también tiempos de descanso y prémiate durante ellos con las distracciones que te apetezcan; eso sí, cronométralo y, cuando suene la alarma, ¡de vuelta al temario! El multitasking puede resultar útil en algunos trabajos, pero nunca en el estudio: evítalo para mejorar la concentración. No te olvides de informar a tu familia y amigos de tus horarios de estudio y pedirles que no te molesten durante ellos. Y si, a sabiendas, aparece un amigo malicioso para tentarte con algún plan, ya sabes a quién no invitar a tu fiesta de obtención de la plaza.

Si te recuerdas a ti mismo con frecuencia qué estás haciendo y por qué lo haces, y en consecuencia sigues una rutina lo más ordenada posible que repites día tras día, esos ladrones de tiempo no van a tardar en volver a sus cuevas con las manos vacías.

¿Cuáles son tus ladrones de tiempo más habituales? ¿Qué haces para combatirlos?

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